lunes, 25 de abril de 2011

Mi bocho

La semana pasó con tal rapidez que el descanso parece tan lejano como que la selección nacional gane la copa mundial de fútbol; algunos malestares se agudizaron como si supieran que tendría el tiempo para atenderlos, lo que me recuerda un carrito que tuve en la universidad. Yo creo que la Volkswagen nunca imaginó que sus autos estandarte aguantarían un trato como el que yo le di al mío.
De ninguna manera lo maltraté, simplemente he pensado todos estos años, que fue un auto hecho a mi medida. Cumplió a cabalidad con todas las exigencias a las que lo sometí; recuerdo la vez en que, haciendo gala de toda mi ignorancia, no ,me di cuenta de que tenía una pequeña falla en el sistema eléctrico que se convirtío en un problema de la marcha (algo así me explicó el mecánico posteriormente), entonces cada vez que tenía que llegar rápido a algún lado, luchábamos a tres caídas sin límite de tiempo.
Terminaba por ceder y me llevaba diligentemente hasta cualquier destino. Pasaron dos semanas antes de que realmente me diera cuenta de que tenía un problema, pero al final decidí llevarlo a revisar una vez que estuviéramos en Irapuato. Ese último día descubrí que si lo apagaba, no seríaposible volver a ponerlo en marcha, así que en cada lugar en que tenía que parar, lo dejaba encendido.
El gasto de gasolina sólo fue un poco más elevado que de costumbre, pero lo importante fue que una vez en carretera, los nervios por que se fuera a apagar aumentaban a cada kilómetro; se jaloneó una dos veces pero al fin llegamos. El zaguán de la casa, al parecer fue el límite que se fijó mi carrito, pues una vez allí se apagó y no volvió a encender.
Al otro día llegó el técnico y se lo llevó a arreglar. Cuando fui a recogerlo, pareció guiñarme un faro sugiriendo con complicidad que estaba listopara la otra. Así sucedió. Varias veces dijimos salud.

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