lunes, 19 de enero de 2026

Las remembranzas

Pocas cosas son tan ilustrativas como
los relatos de la abuela. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1.Entretenimiento de mayores. En sus últimas semanas, tanto mi abuela como mi tía tenían pequeños periodos de rememorar lo que habían vivido en su más tierna juventud, cosas como el andar descalzas, ayudar en las labores domésticas, hacerse cargo de sus familias, la primera atender su molino y la segunda, a nosotros. Lapsos que se repetían con regularidad y que, al parecer, he empezado a tener desde hace algunos meses (muchos), lo que no quiere decir que antes no los tuviera, sino que ahora se repiten con mayor frecuencia. Nuestra especie debe tener esto como un mecanismo para intentar dejar constancia de que estuvimos aquí, con mayor vehemencia cuando suponemos que nuestra vida productiva ha finalizado y no parece que hayamos encontrado una ocupación que nos haga valer como personas completas.

2. Entrenamiento de pequeños. El entrenar a niños es un gran compromiso si se entiende que es ahí donde, por formación, se logra un buen deportista-aficionado-ciudadano; no se trata de una labor simplemente recreativa donde la condescendencia librará de todo peso al infante sólo porque es pequeño, lo será, pero también es capaz de entender conceptos como trabajo en equipo y camaradería. Eso sí, los entrenamientos para niños deben ser primordialmente divertidos antes que competitivos, ya que los niños reaccionan más fácilmente a la ludicidad, que la competitividad es cosa de adultos. Los recuerdos para los niños deben ser eso también, instrumentos que en un campo de juego, nos permitan almacenar lo más divertido que nos haya pasado en esa etapa que no es de paso, es el cimiento en el que descansará el adulto.

3.Volverlas objetos. Cosificar los recuerdos nos ayuda a muchos a mantener vivas las imágenes que nos significan momentos importantes en nuestro desarrollo; puede tratarse de regalos utilitarios o de adorno, una fotografía, una lista de reproducción de audio o video o cualquier cháchara adquirida en un momento de alta emotividad. Posiblemente seamos la única especie que cargamos afectivamente a los objetos como a «la estufa de la abuela», «el balón del padre», «el cuchillo del abuelo», «el collar de la madre», «la muñeca de la hermana» o los «libros del hermano» y si no es por propiedad, está la costumbre como «el parque donde paseaba la amiga» o «el lugar favorito de la esposa», amén de partes corporales como «el diente de leche del hijo» o «el mechón de pelo de la hija», todo funciona para proyectar un sentimiento.

4. La ciencia ficción. Algunos de nuestros pensamientos, entre ellos las remembranzas, irán quedándose truncos en la medida en la que crezcamos, unos porque no pusimos atención en el momento en el que aquello sucedió, otros porque nos los contaron y los demás porque carecían de importancia; hay otros en específico que son tan buenas que les vamos agregando de nuestra cosecha o que las respetamos tal cual fueron, porque la historia se defiende por sí sola, puede ser que aparezcan la exageración bruta o la grandilocuencia, en ese sentido puede incurrirse en la mentira, pero los buenos conversadores harán gala de la ficción y hasta presumirán de sus conocimientos comprobables por medio de la ciencia, por lo cual, sus relatos seguirán dignos de una antología literaria y, ¿por qué no?, de algún premio de la Academia. Salud.

Beto.

lunes, 12 de enero de 2026

Golpes de realidad

Lo bueno es que el diseño corporal
no nos corresponde. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1.La anatomía. Por un tiempo breve (a veces) nos inconformamos con las características corpóreas que «nos tocaron», como si se tratara de un juego de lotería donde no nos dejaron escoger cómo queríamos vernos. Lamentamos no haber sido más altos, musculosos, rubios, con ojos claros (verdes o azules), más rápidos o fuertes y ya, en el colmo del hubiera, inteligentes, carismáticos o arrojados, nada de lo anterior que identifiquemos en esta realidad; que si los brazos son demasiado largos, que si las piernas demasiado flacas, que si la boca muy grande, que si el cabello muy lacio, en fin, fabricamos un ideal con base en lo que suponemos prefiere la gente y que nos gusta físicamente, por lo general en la adolescencia, rasgo que supuestamente debemos superar con los años y puede ser que lo hagamos en lo individual, pero en lo social...

2. La economía. No hay necesidad de meterse a leer los postulados de Weber, Marx o Smith para entender qué significa vivir en crisis, palabra que nos ha acompañado a los de a pie por casi todo el tiempo que este país se declaró independiente; mientras que los gobiernos post revolucionarios han declarado que todo es bonanza en el territorio nacional, las voces de la población han gritado de diferentes formas que no hay dinero que alcance y no importa cuánto hayan aumentado las salarios en ochenta o noventa años, el poder adquisitivo siempre ha sido menos al costo de los productos, sean éstos suntuarios o de la canasta básica, eso sin contar con la ridícula situación de haber prescindido de tres ceros en las denominaciones de nuestra moneda.

3. La inteligencia. Cada cierto tiempo tenemos la tentación de suponer que lo sabemos todo, que poco del conocimiento global puede escondérsenos y así, recetamos remedios contra la gripe, damos soluciones financieras y sabemos cómo educar a los hijos, a pesar de no ser médicos ni contadores ni tener hijos. La cruda de esa borrachera nos llega con un bofetón marca llorarás cuando alguien cuestiona nuestras opiniones y descubrimos que no tenemos una respuesta válida y el peor error que podríamos cometer sería el tratar de darla sin fundamento alguno, nada más por no parecer ignorante. Esta acción, poco inteligente, contrario a lo que pueda pensarse, nos permite aprender puesto que al descubrir cada error o mentira, vamos comparando las estructuras de pensamiento con las que se fabrican y así saber separarlas.

4. Responsabilidad y destino. ¿Habrá quien crezca deseando hacerse responsable? Queremos ser grandes y disfrutar de las libertades que gozan los mayores, aunque sin imaginar lo que tuvieron que trabajar para ejercerlas; como la responsabilidad no es un lugar sino una manera e vivir, nos inventamos una «fuerza extraña» que nos llevará por distintos derroteros llamada «destino», con la cual suponemos que nos libramos de ser señalados porque antes que en la responsabilidad, pensamos en la culpabilidad, posiblemente por la cultura judeo-cristiana que llevamos a cuestas. Algunos (muchos en realidad) dicen creer en la voluntad divina, que es la idea original de donde surge la de la predestinación, así ya tienen un buen pretexto para hacer lo que sea sin asumir realmente las consecuencias. Salud.

Beto.

lunes, 5 de enero de 2026

Búsqueda mística

Ser uno con el universo es una
búsqueda en solitario. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Por llamado. Cuando la búsqueda de identidad se cruza con el deseo de trascendencia sucede un fenómeno de validación basado en lo que, suponemos, no dejará mucho margen al cuestionamiento ni a la duda, porque esa base está consolidada por la ignorancia general; y ya que la ciencia, único instrumento que tenemos para crear certezas no se dedica a estudiar el mundo paranormal ni el universo místico, cualquier verdad lanzada desde el dogma, puede garantizar su existencia. Ser llamado o hablar con un ser extraterreno, debe tener por fuerza un valor superior a lo que vivimos comúnmente los simples mortales, puesto que se trata de un privilegio aún no develado por nadie con cierto poder para desmentirlo, por el contrario, quien suele atender a semejante evento, adquiere el poder para validarlo, curiosamente.

2. Por curiosidad. La curiosidad es el recreo de la razón, usamos las mismas facultades que para resolver problemas o entender teorías, pero con fines de entretenimiento; no nos confundamos, pueden ser cosas muy serias al igual que las que estamos obligados a sacar adelante, pero con la diferencia de que a éstas las escogimos nosotros; ahora bien, cuando nos enfrascamos en una búsqueda mística, nos encontramos con que tenemos dos opciones, ya que estamos usando la razón, una que implica que comprobemos que el misticismo es un estado mental o de plano, que lo manifestado como esencial y extraterrenal no existe. La segunda opción es que no usemos la razón y expongamos la fe, por lo tanto, nos alejamos de la curiosidad dando paso a la creencia ciega de que todo está escrito y nuestras decisiones son la voluntad de alguien más.

3. Por moda. Mucho de lo que deseamos tener está vinculado a las relaciones sociales que cultivamos, es una especie de código que se genera por aquello que podemos compartir como objetos e ideas, entre más se adhieran participantes, más grande será la moda. Este principio básico es conocido por los precursores de búsquedas místicas, generalmente traídas de oriente (no sé por qué siempre de allá), lo que nos deja como una nación subdesarrollada también es ese rubro. Una de dos, o no somos capaces de crear una práctica mística propia o en oriente tienen una labia infalible para vendernos siempre la misma idea. Quizá se deba a que todos los pueblos semi nómadas de la franja media de Eurasia crecieron con las mismas ideas, pero con versiones propias y giros inesperados.

4. Por iluminación. Lo que se supone más difícil, es lo que más sucede según las crónicas de cada poblado donde apareció un guía místico; los mensajes para realizar su ministerio les llegan de diversas formas, pero al parecer, es la aparición en sueños o en físico, no sé si porque se acabó el presupuesto celestial o porque a los iluminados nada más les gustaron las visitas personales, el caso es que la iluminación es tratada como una conseción que sólo se puede utilizar en aspectos muy concretos, porque los tiempos no están para andar derrochando dones a diestra y siniestra. Sólo los curanderos televisivos creen tener el derecho de auto proclamarse iluminados sin tener que declarar de dónde provienen sus «poderes sanadores multiusos», posiblemente porque no necesitan que caigan, salvo los ingenuos. Salud.

Beto.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Tiempos comerciales

Los títulos no garantizan
la futura riqueza. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1.Abuso como negocio. Una cosa es una táctica de venta y otra muy distinta una trampa para forzar la compra; mi experiencia con prestadores de servicios ha sido muy variada, desde esperar más de ocho meses para que me conectaran el gas estacionario hasta el incremento de la tarifa mensual sin razón aparente por parte de la compañía de cable. No sugiero que tales experiencias hayan marcado mi vida al grado de necesitar terapia, pero sí he de decir que considero su accionar como una reverenda porquería. La confianza comercial se funda en una relación como con el abarrotero, recibes un producto y pagas por él, así sin promesas ni expectativas mayores; que si te salió bueno, vuelves a comprar, de lo contrario, ya no regresas, sin que haya represalias ni reclamos de ninguna especie ni de ningún orden.

2. Mareo discursivo. No sólo los abogados utilizan los tecnicismos para tratar de asegurar su información, la mayor parte de las ventas se ven contaminadas con frases y oraciones que envuelven las condiciones de compra en un manto de benevolencia que, aunque no la creamos del todo, generalmente la condescendencia nos gana bajo el argumento de que hay que darles a los que ofrecen, el beneficio de la duda; la mayoría sabemos sobre «las letras chiquitas» que algunos suponíamos que sólo estaban escritas en los contratos, sin embargo,  en cada transacción siempre hay algo que no nos dicen sobre el producto en cuestión y nosotros no estamos acostumbrados a preguntar sobre ellos, quizá porque creemos que es de buena cuna no poner en duda la integridad de los vendedores.

3. Servicios baratos. Si partimos de la base de considerar barato todo aquello que podemos adquirir sin el peligro de quedarnos sin dinero, estaríamos englobando muy poco tanto de la canasta básica como de los satisfactores suntuarios, puesto que el número de artículos posibles rebasarían rápidamente una cantidad importante; vivir en el país no es barato, tampoco excesivamente caro si nos atenemos a consumir lo que nuestro presupuesto permite, sin embargo, lo más oneroso es aquello que las administraciones gubernamentales ofrecen como servicio, empezando por el tributario. Y a pesar de que nuestra cantaleta es que todo está muy caro, seguimos comprando cosas, quizá porque en el fondo suponemos que de nada nos serviría tener dinero en los bolsillos si no hay qué comprar y con lo cual satisfacer nuestras necesidades.

4. Intangibilidad onerosa. Hay una situación que resulta curiosa, esto es de lo que solemos consumir, lo más caro es aquello que no presenta un cuerpo sólido, por ejemplo, las membresías a los clubes privados o los tiempos compartidos; sí, está bien, las instalaciones son tangibles, pero ésas no se llevan a casa, lo único que tenemos es un vale para su uso por un corto tiempo, en el resto, se hace patente que no se es el dueño. La relación costo-beneficio no puede hacer que se considere una propiedad como pudiera serlo un carro o una licuadora. En una ocasión, alguien hizo una comparación de lo anterior con un departamento en un piso dieciséis (o cualquier otro que no sea la planta baja) pues si llegara a caerse, la propiedad se esfumaría. Sólo somos dueños de aire. Salud.

Beto.

lunes, 22 de diciembre de 2025

El rol, ¿adoptado o autoimpuesto?

¿Qué silla elegir si no sabemos para qué
vamos a usarla? Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Cuando no queda de otra. La tradición familiar o la falta de recursos nos llevan a decidir prematuramente a lo que nos dedicaremos en el futuro para procurarnos el sustento, es común escuchar a adultos preguntar a infantes «¿qué vas a ser de grande?» como si la niñez fuera sólo una estancia de paso, sin problemas propios ni intereses particulares y de la que hay que salir pronto porque lo interesante está en el futuro. Quizá sea por eso que desde hace un tiempo estamos priorizando el vivir el ahora, porque de alguna manera nos fastidiaron la niñez guiándonos a pensar de prisa en una realidad que todavía no se hacía palpable; algunos llegamos a sentirnos culpables por ir cambiando de intereses en el trayecto y terminar escogiendo algo que nada tenía que ver con lo dicho en un principio, perdón arquitectura y veterinaria.

2. No ver a otro lado. A veces, las referencias de vida que tenemos, no nos permiten alternativas de crecimiento, sea porque no tenemos los recursos, sea por escasos conocimientos, posiblemente porque el entorno funciona así; hay los que nacen y mueren sin nunca haber salido de su pueblo y otros, aunque salgan, su arraigo es tal que no incorporan otras perspectivas a su estilo de vida, ambos seres que tienen dentro de su comunidad una identidad muy definida, lo cual significa que tienen también muy claro cuál es su papel y cuáles son las tareas que deben cumplir, desde su labor profesional o de oficio, hasta un posible activismo social. La bondad de la situación se ve limitada en perspectiva que sólo se amplía tomando referencias de otros lugares y adaptándolas al propio.

3. Identificar nuestro lugar. Pareciera una tarea que, cumpliéndola una única vez, ya la tenemos asegurada para toda la eternidad, pero no es así; aunque nos hayamos manejado de la misma manera toda la vida, las formas sociales e individuales de conducirnos cambian, ya sea por perspectiva, situación económica, percepción de los demás y otras tantas circunstancias que harán que vayamos adecuándonos a todo aquello que vaya cambiando, incluso, nuestro lugar en el grupo. Es como en cualquier asociación en la que utilicen la votación para elegir a sus dirigentes, no sólo los roles cambian junto con las tareas a realizar, también la percepción de uno mismo y la disposición ante los demás lo harán, según intereses, oportunidades y, lo más importante, en estos casos, la educación.

4. Dependencia de las características. Es cierto que nunca aspiré a ser un gran basquetbolista, tampoco a ser el primer remate en los equipos en los que milité, pero he de decir que aproveché una característica extraña que, en proporción a mi estatura, salía de los parámetros de mi familia pues entre que medí,1.50 m y 1.69 m llegué a calzar del siete, eso aunado a que por lo general pesé 64 kg, la palanca resultante me permitía despegarme del suelo unos ochenta cm, con lo que llegué a tener en mi mejor momento, un alcance vertical de 2.90 m, insuficiente para una selección nacional, pero sí para competir en mi categoría como un acomodador que podía ayudar en el bloqueo. Las características pueden determinarnos, pero somos nosotros los que decidimos qué hacer con ellas; ahora ya no salto ni un kilo de tortillas. Salud.

Beto.

lunes, 15 de diciembre de 2025

El compromiso social

La buena vida se da aprovechando
el tiempo. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Resistencia ante todo. Estaremos de acuerdo en que no hay una única problemática en las sociedades; aunque sean de un mismo país, deben enfrentar complicaciones propias de urbanizaciones aceleradas y, en muchos casos, mal planeadas, dotar de servicios a asentamientos irregulares, abrir vías de transporte o crear redes de información adecuadas a las zonas ocupadas, problemas no faltan porque las necesidades cambian o aumentan debido a que hemos basado gran parte de nuestro desarrollo tanto físico como mental, en la tecnología como ha sucedido en todas las épocas, desde solucionar cómo comer sin ensuciarnos las manos hasta trasladarnos de un lugar a otro con rapidez y eficiencia. Y soportamos los cambios porque hemos entendido esto de la adaptabilidad forzada, ya sea por compromiso o por mantenimiento de imagen.

2. Visión del otro. El mecanismo que utilizamos para observarnos junto con nuestras acciones, es el mismo aplicado a los demás, pero algunas veces benévolo, otras condescendiente y en la mayor parte, no los señalamos; sucede gradualmente según la cercanía de los observados y los rasgos culturales con los que hayamos sido criados. La sabiduría popular sentencia que lo que censuramos en los demás es lo que identificamos en nosotros mismos o en nuestro entorno inmediato, ya sea porque creamos que eso nos hace vulnerables y por eso hay que señalarlo en otros o porque nuestra propia estima nos obliga a hacerlo, porque pensamos que así sobresaldremos del grupo. Con base en ello, el otro será el punto de comparación con el que sabremos, si no de una manera íntegra, sí al menos que nos ponga en un justo lugar, aunque puede no gustarnos.

3. Jugar un papel. En todo podríamos estar de acuerdo, menos en la descripción que hacemos de temas absolutos como el amor o las deidades, pero lo relativo tampoco nos brinda la seguridad de coincidir plenamente; jugamos roles dentro de nuestros círculos sociales que no tienen que ver únicamente con nuestra actividad laboral pues, aunque nuestros «libretos» indican qué debemos hacer en específico en cada una de esas esferas, las mezclas entre ellas es inevitable. Una madre de familia podría «adoptar» a sus compañeros de oficina si sus hijos ya son mayores y no cohabitan con ella; un obrero tomaría al papel de instructor si tiene la oportunidad de auxiliar a un novato con una máquina de difícil manejo; un abogado se convertiría en guía si unos turistas de visita en su ciudad le solicitaran alguna dirección. Todos somos multitareas.

4. Imponer y apoyar. Hay situaciones en nuestra vida cotidiana que se contraponen haciéndonos olvidar que siempre hay un precio que pagar por vivir en sociedad, pagaríamos otro si lo hiciéramos en un lugar remoto; si son de los que alguna vez alegaron ante una imposición paterna que no pidieron nacer, recuerden que no había manera de pedirles autorización y que, además son como todos, obra de la casualidad, porque los padres sólo pueden planear la temporada en la que nacerán sus retoños y por cuánto tiempo van a mantenerlos, no la estatura, el color de ojos ni cabello, ni el alma dem mítico cuarto celestial, llegaron y ése es el milagro; otro sería el coincidir con tantas personas como hay, con un montón de riqueza por mostrar y de la cual nos perderemos porque la vida no nos da para tratar a tantos. Salud.

Beto.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Ser útil

A lo único a lo que hay que temerle,
es a ser inútil. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Una perspectiva humana. Los papeles que realizamos los seres vivos tienen que ver con las capacidades desarrolladas según las herramientas con las que fuimos dotados, los intereses suelen apoyar el ánimo con el que abordamos nuestro gusto por hacer las cosas y eso debería ser lo que rigiera nuestro modo de subsistencia, fuera de obligaciones impuestas o de necesidades adquiridas por artificio; sea por instinto o por un razonamiento primitivo, los castores construyen diques que sirven para mantener los niveles hídricos óptimos en los bosques, condición que beneficia a una buena cantidad de fauna endémica, sin embargo, los adjetivos los agregamos nosotros sin saber siquiera si esos animalitos son conscientes de su labor o si los lobos toman en serio su tarea de mantener el equilibrio de su ecosistema.

2. Condición de servidumbre. A la utilidad, en abstracto, puede vérsele como una condición perenne, algo que ni las herramientas como un martillo o un desarmador tienen, puesto que no todo el tiempo andamos cargándolos ni sirven para todo; podrían revirarme diciendo que un electricista o un carpintero los traen siempre en sus cinturones, pero no me los imagino durmiendo con ellos puestos o tratando de voltear un huevo a martillazos, por lo tanto, ¿qué nos hace pensar que hay personas que deben estar disponibles las veinticuatro horas del día? El principio de servidumbre es ése, como así llegaron a consolidarlo los zares rusos, las monarquías europeas, Lenin, Stalin, y Brézhnev, Castro, Chávez y Obrador, además del PRI, PAN, PRD, PT y demás engendros salidos de lo más oscuro del supuesto movimiento revolucionario nacional.

3. Rasgo de dignidad. La caricatura del vago es sólo eso, una parodia de humano que nos sirve de referencia para saber qué no debemos ser ya que, en todo el reino animal, al que no es útil lo exterminan los depredadores; algo semejante pasa con nosotros, quizá no sea motivo de exterminio, pero las habladurías serían implacables con quien ose tirarse al ocio infructuoso. Existen loas al trabajo en abstracto y también al los brazos que lo realizan, lo mencionan como algo que debe defenderse en los tratados del materialismo histórico, otros lo presumen como el resultado de su vocación, el caso es que la conciencia de él constituye otro rasgo que nos diferencia de las demás especies, pues sabemos que nuestra labor afecta a otros así como ellos nos afectan a nosotros, los beneficios resultantes son los que hacen que valga la pena.

4. El precio ajeno. Está claro que, a menos que seamos actores o cantantes, no hacemos nuestras tareas esperando un aplauso al final, pero al menos un reconocimiento si ésta ha sido bien hecha; ahora bien, no se trata de tener actos solemnes ni de que nos hagan un desfile por cumplir con nuestro deber, pero un «bien hecho» de vez en cuando, no nos caería mal. Estamos tan acostumbrados a que no suceda que, cuando pasa, nos toma por sorpresa y nuestra reacción pudiera ser mal interpretada por no corresponder a lo que se supone es la normalidad. Una muestra de aprecio es consumir a quien produce, puesto que eso reivindica el propósito de su labor, por lo tanto, habrá una valoración importante en reciprocidad que redundará, mínimo, en el mantenimiento de la calidad en el producto. Salud.

Beto.

Las remembranzas

Pocas cosas son tan ilustrativas como los relatos de la abuela. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. E ntretenimiento de mayores. En sus últimas se...